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Laurenz Vermont Rumer fue un legendario miembro de la Orden de Katania y hermano del célebre emperador ferexiano. Al igual que su hermano, era sumamente inteligente y astuto, maestro en el manejo de la diplomacia y poder de mando; pero la diferencia que diferenció a Laurenz de Maximiliano fue la personalidad más misteriosa y reservada de Laurenz, además de que éste utilizó sus dones para combatir por Katania en muchas partes del mundo (aveces públicamente, otras de incógnito) y era físicamente más fuerte que su hermano. Laurenz se inmortalizó como el modelo de espía y diplomático perfecto, brillante para la infiltración, manipulación y adopción de vidas falsas por una buena causa.

Algunos episodios de su vida siguieron siendo un misterio tras su muerte, pero lo que es seguro es que arriesgó su vida (y la de su familia) cientos de veces con tal de ayudar al progreso humano. Sin embargo hay cierta controversia respecto a su forma de operar, pues es sabido por todos que utilizaba muchas veces métodos bastante maquiavélico para lograr sus objetivos.

Muchos empañan su imagen acusándolo de ser un simple títere manipulado por el gobierno de Maximiliano o el Gran Maestre de Katania, pero no fue así. Laurenz incluso llegó a tener muchos disgustos y malentendidos con su hermano (ya que Laurenz se negaba a revelar secretos, o realizar algunos actos que consideraba innecesarios). Lo que es cierto es que sí ayudó bastante a Ferexia.

La ocasión más famosa en la que lucharon juntos los hermanos Vermont fue en la mítica Batalla de La Laguna en la que pelearon a muerte contra El Gran Dictador. Maximiliano enfrentó con su ejército a los sildurios cerca de ese lugar, para después cabalgar solo hasta La Laguna con el fin de pelear y asesinar al Dictador, y así salvar a su hija que estaba secuestrada por él. Después de mucho rato de vagar por la ciénega, cayó en una trampa que lo hizo caer a una cámara subterránea oscura y fría donde estaba su gran enemigo, y su hija encerrada. Maximiliano tomó su katana y luchó personalmente contra él, pero el sildurio contaba con un Legado y, como era de esperarse, el ferexiano no pudo causarle ni un rasguño. Maximiliano recibió una golpiza brutal a manos de su adversario, que lo dejó tirado en el suelo agonizando, mientras el Dictador lo obligaba a presenciar cómo preparaba la brutal ejecución (y violación) de su hija. Pero justo en el momento en que el asqueroso enemigo le pusiera una mano encima a la joven, llegó de la nada Laurenz (que había entrado con su pegaso) y apartó a la chica. Nadie sabía que Laurenz traía consigo un Legado que había conseguido en los confines del Polo Sur. El Dictador quiso controlar su mente (como lo estaba haciendo con Max) pero gracias a su Legado, Laurenz anuló la energía del Legado del sildurio y así pudieron enfrentarse cuerpo a cuerpo.

A pesar de que los golpes del enemigo iban con una extraordinaria fuerza, Laurenz los esquivaba y se reía de él. Salvo dos o tres, las ofensivas del dictador no llegaron a tocar al katano quien respondió encajándole su Uña Larga en el ojo izquierso, y en seguida le azotó la cabeza contra la pared mientras lo humillaba e insultaba encolerizado. Pero a pesar de eso, el enemigo aún no moría y resistía tenazmente, de hecho llegó a levantarse y soltarle una tremenda bofetada a Laurenz. El Dictador desenvainó su espada y se paró cerca de Maximiliano para darle la estocada final, pero en ese momento un disparo de Laurenz provocó que perdiera el equilibrio y se resbalara en la sangre del emperador ferexiano... la vida del temible sildurio terminó, penetrado por su propia espada.

Con el Legado, Laurenz reanimó a su hermano y a la hija de éste, después abrió la entrada de la catacumba para que pudieran entrar los guerreros katanos que no habían podido entrar. Así, los katanos -comandados por Laurenz- asesinaron fulminantemente a todos los soldados sildurios y de la Orden Enemiga. Maximiliano se reincorporó al ejército imperial en la batalla que aún se libraba afuera (en la que iban ganando los enemigos, pues utilizaron armas de destrucción masiva e hirieron de muerte a El General). Tras varias horas de desesperante combate, los katano-ferexianos vencieron y reestablecieron la paz en la región.

Tras este incidente la popularidad y reputación de Laurenz se disparó por los cielos, y fue nombrado el siguiente Gran Maestre de Katania.